miércoles, 18 de enero de 2017

AL ENCUENTRO DEL OTRO...

Hay dinámicas que nos encierran en nosotros mismos y refuerza una visión recortada del mundo. Son dinámicas de desconfianza, individualismo, y superficialidad, que nos meten en una burbuja, con sus efectos colaterales, que distorsionan nuestra percepción de la realidad. 
1. Nuestras dificultades de cada día acabamos convirtiéndolas en problemas mundiales. Un fracaso, una decepción, una expectativa no cubierta,... nos absorben como auténticos agujeros negros, impidiéndonos ir más allá, y sobretodo, salir de uno mismo, de nuestro "micromundo".
2.Insensibilidad ante el sufrimiento ajeno que acontece a nuestro lado. Se nos atrofia la mirada y el corazón. Nuestra falta de empatía amenaza nuestra propia condición humana y no nos deja pensar que un día, puedo ser yo quien necesite un brazo tendido. 
Mientras tanto, los acontecimientos se suceden, barreas, muros, detenciones ilegales, muertes de inocentes, indiferencia "de los estados miembros" (de una Europa así yo tampoco quiero formar parte), ...
El ser humano se construye saliendo de sí mismo, en relación con el otro. Nuestra felicidad se construye y se sustenta en relaciones auténticas y positivas con el otro. Sentirme útil, valorado y apoyado, y lograr que el otro también conforman un elemento básico de ese bien común deseado por todos. 
Hemos de salir de "nuestra empanada mental", atender a esa continua llamada del Papa Francisco de "una Iglesia en salida" e ir al encuentro del otro... El otro más olvidado, más solo, más rechazado, más en peligro,...
Ante el olvido de los medios, la indiferencia ambiental, o las justificaciones irracionales, hemos de dar un paso al frente y apostar por gestos, acciones y compromisos de acogida que aseguren la dignidad y la integridad de quienes son ignorados en nuestras fronteras. 
Más allá de las dificultades por las que todos atravesamos, tenemos muchos motivos de agradecer en nuestras vidas. Esto debe impulsarnos a ser quienes, en medio de este drama humano por el que están pasando miles de hombres y mujeres en nuestras fronteras, aportemos un valor añadido de humanidad, al estilo de Jesús de Nazaret.
Hagamos de nuestros hogares, de nuestras comunidades, espacios de acogida, lugares de encuentro. Hoy lo necesitan ellos, mañana podemos ser nosotros... Buen día.

domingo, 15 de enero de 2017

¡NO MÁS MUROS!

Que fácil es levantar muros, poner cercas, marcar distancias... y mirar a otro lado. Nuestra condición humana nos pide otra cosa. Hay un grito al que no podemos hacer oídos sordos, hay miles de vidas de las que todos somos responsables, pues a los ojos del buen Dios, son hermanos nuestros.
Estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad de la indiferencia y el olvido. Estamos urgidos, al estilo de Jesús de Nazaret, a salir a encuentro y acoger a los desposeídos, a los ninguneados.
Demostremos con nuestros gestos, con nuestras palabras, que las cosas pueden ser distintas. ¡Animo!

martes, 20 de diciembre de 2016

¡FELIZ NAVIDAD 2016!

¡Cuántos gestos por hacer!
¡Cuántas palabras con sentido por ofrecer!
¡Cuánta luz por compartir!
Navidad, dejar brillar su Luz, 
y hacer brillar a quienes aún viven en la oscuridad.
¡Feliz Navidad a todos!
Un abrazo fraterno y menesiano
desde estas nuevas tierras que me acogen,
Chile y Bolivia

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lunes, 19 de diciembre de 2016

DIOS NACE EN ALEPO

¿Quién cuida a quienes pierden la esperanza?¿Quién aporta algo de luz y calor en la tinieblas? ¿Quién da la cara por quienes son olvidados?... 
Dios nace en Alepo, en medio de la ruinas del odio y la sinrazón, al amparo de la indiferencia de los gobiernos e instituciones, que siguen haciendo "sus cálculos", "sus políticas" a un precio inhumano.
Estos días de Navidad, debiéramos encender una vela en nuestras casas en recuerdo de las miles de víctimas que sufren injustamente la guerra, la indiferencia y el olvido de tantos... Y a su lado, otra vela, por quienes permanecen y están. Voluntarios, creyentes de diferentes confesiones, ongs, ... que acompañan, aportan ese valor humanitario tan urgente en la zona.
Es tiempo de alentar la esperanza, es tiempo de poner en valor nuestro ser cristianos, e impulsar gestos, acciones que aporten luz y calor allá donde no lo hay. 
¿Qué estamos haciendo para hacer el mundo más habitable?¿Qué hacemos para hacer la vida más fácil?¿Qué aportamos al bien común al que todos queremos aspirar?...
Fuera de la ciudad porque no había sitio para él, muerto de frío en un pesebre, junto a sus padres (¡menos mal!), nace Jesús. Nuestro Dios se hace carne en la pura debilidad. Si en algún lugar tuviera que volver a nacer hoy, sería Alepo, en medio del olvido más absoluto. Somos todos los que podemos visibilizar, salir a la calle, colaborar con organizaciones, y mostrar nuestra solidaridad y apoyo en las redes sociales. Todo gesto de humanización por pequeño que sea, suma. ¡Seamos creativos y alentemos la esperanza! 

viernes, 9 de diciembre de 2016

¡A TU ALCANCE!

Hay cosas complicadas, realmente difíciles y que están al alcance de muy pocos, por ejemplo ir a la luna. Pero cuando vamos a las cosas que realmente son importantes, cuando nos centramos en lo esencial, las cosas suelen simplificarse, se hacen sencillas. Incluso en las situaciones difíciles, se hace más evidente la necesidad de la sencillez en nuestras palabras y en nuestros gestos.
Es precisamente en las situaciones más difíciles, donde más podemos ofrecer y donde más podemos humanizar. Con un silencio que acompaña, una mirada afectuosa, una mano en el hombro, o sencillamente un abrazo gratis, tan inesperado como urgente.
Estamos en una sociedad donde se necesita "expertos en curar heridas". En hombres y mujeres, que al estilo de Jesús de Nazaret, salgamos a  nuestras calles y plazas a ofrecer esas palabras y gestos oportunos capaces de rehacer relaciones, dignificar a las personas, liberar de miedos, y superar, de la mano, obstáculos que uno creía insalvables.
Una invitación del evangelio del domingo a "ser compasivos como nuestro Padre es compasivo" ¿Cómo? Hagámoslo sencillo, desde tres invitaciones:
1. Salgamos de nosotros mismos, miremos más allá de nuestras preocupaciones y agobios. Así podremos conectar con la realidad de quienes a nuestro lado sufren mucho más que nosotros, y no saben que hacer con sus heridas. Salgamos al encuentro del otro, compartiendo nuestro tiempo, nuestro silencio, nuestra presencia, ... Descentrarnos nos humaniza y nos ayuda a vivir con más profundidad  la vida.
2. Promovamos gestos que fomenten las relaciones más humanas. Gestos inclusivos, de acogida,de diálogo y escucha, gestos que dignifiquen. Pues son profundamente sanadores. Tenemos de quien aprenderlos, el Evangelio están plagados de ellos. 
3. Ahora bien, si algo nos hace bien compasivos es abrazar.  Eso sí que está a nuestro alcance. Abrazar la realidad sufriente que nos rodea. Los grandes conflictos olvidados: en Siria, Irak, o en la África ninguneada por gobiernos y medios de comunicación (Sudán del Sur, Mali,  y tantos otros...) Hemos de abrir los ojos y el corazón para, al menos empatizar y poner nombre, hacer memoria de las víctimas inocentes y denunciar tanta indiferencia que nos deshumaniza. 
Y también abrazar a quien tenemos al lado sea conocido o desconocido, ¡son tantos los que sufren en silencio! Hemos de practicar con más frecuencia ese ejercicio de aproximación humana que es el abrazo, que libera, acompaña, consuela, y tiene un mensaje definitivo: "Tú me importas". Así quiere ser el abrazo de Dios cada día al ser humano, especialmente con el más olvidado y menos cuenta.
Necesitamos promover juntos, creyentes y gente de bien, una cultura del abrazo que alivie la heridas de tanta violencia e indiferencia que amenaza y tanto hace sufrir. De este modo lograremos hacer la vida más fácil y feliz a nuestros semejantes. Estamos a tiempo, y hay muchas cosas que podemos hacer que están a nuestro alcance. Así pues, ayudémonos a ser compasivos, como nuestro Padre es compasivo. Gracias.

viernes, 2 de diciembre de 2016

TIEMPOS DE ESPERA...

¿Qué esperamos?¿Vacaciones?¿Regalos?¿Algo de suerte?... ¿Y a Dios?  ¿Cómo son nuestros tiempos de espera?
Hay quienes afrontan los tiempos de espera aburridos, absorbidos por una rutina incapaces de percibir la novedad, de vivir el presente con sentido, con ilusión.
Hay quienes sencillamente no esperan, se duermen en los laureles, sin inquietarles lo  más mínimo lo que ha de venir... Éstos son los que pierden las oportunidades.
Los hay quienes están tan sobrecogidos por sus preocupaciones que no saben lo que esperan, ni lo que pierden. Éstos pierden el horizonte.
Y también los hay quienes están preparados, quienes están atentos. Éstos están a la escucha de lo que se dice, observan lo que pasa, y son conscientes de lo que suceden a su alrededor y en su interior.  
El Adviento es un tiempo de espera  para acoger con ilusión la novedad que se nos regala en Jesús, en sus palabras, en sus gestos.
Es una oportunidad de iluminar nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nuestras heridas, a la luz de un amor, que se hacer carne, cercano, accesible. Un Amor consciente de nuestras necesidades.
Un tiempo de despertar de nuestra indiferencia, de todo aquello que nos atonta y nos arrastra, de todo aquello que adormece nuestra capacidad de aportar, y dar lo mejor de uno mismo, de brillar y hacer brillar a quienes más necesitan de nuestra luz. 
Un tiempo de escucha y contemplación lo que pasa a su alrededor. Así la espera se convierte en un tiempo fuerte de aprendizaje, donde descubrimos no solo la novedad, sino lo que podemos aportar. ¡Feliz Adviento a tod@s!