domingo, 30 de abril de 2017

Carta a Diego, " De vuelta a casa"

          Querido Diego:
 
Gracias por dejarte acompañar por esos caminos complicados de la vida, por la oportunidad de acoger tu vida, con tus miedos, tus luchas y tus oscuridades. Gracias por vislumbrar juntos esa Luz que también nos acompaña, en personas, en gestos,... que nos recuerda que nunca estamos solos.
Diego, gracias por tu esfuerzo de apertura, por tu confianza con tu inesperado y nuevo compañero de camino. Has sido capaz de reconocer, desear es Luz, que empieza a dejarte ser tú mismo. No es fácil, Diego enfrentarte a tus sombras, ya lo sabes. De a poquito lo iremos logrando y respondiendo a tus deseos más profundos. De a poquito irás recuperando esa Alegría interior que tanto ansiamos todos. De a poquito irás recuperando esa paz que te deje ser tú mismo.
Es emocionante Diego, ser testigo de "tu camino de vuelta a casa", vuelta a la Vida, a la aceptación, a descubrirte profundamente amado, tal y como eres. Así es Dios, Diego, incondicional. El nos recuerda que no somos lo que hacemos, somos para Él mucho más, hijos y hermanos.
Recuerda Diego que en este camino  nunca estás solo, tienes a quienes te acompañamos "en el camino vuelta a casa". Un abrazo fraterno.

Es mi carta a Diego joven que estoy acompañando en una aventura dura y gozosa a la vez. Son muchos jóvenes en nuestros centros los que necesitan ese acompañamiento y apoyo para "volver a casa". Aprendamos a hacernos compañeros de camino, a fomentar una cultura del encuentro y de ternura, que les permita redescubrir su dignidad de hijo y hermanos.
A nosotros como hermanos menesianos, nos queda la hermosa y apasionante tarea de hacernos hermanos de quienes menos lo esperan y más lo necesitan, como deseaba Juan María de la Mennais. Gracias.

domingo, 23 de abril de 2017

ÁMBITOS DE VIDA

En nuestra vida comunitaria nos queda claro que no somos perfectos, que cometemos errores, y además, se pone en evidencia nuestra fragilidad y pobreza, ....Pero cuando un grupo de hombres y mujeres se reúnen en nombre de un tal Jesús de Nazaret, se opera un milagro difícil de explicar: La fraternidad.
Cuando el estilo de Jesús centra nuestras relaciones, las distancias se acortan, los conflictos se afrontan, las ofensas se perdonan, el amor se hace servicio. Es toda una experiencia de descentramiento, donde descubrimos que la vida del otro nos importa, especialmente la del más débil... y surge un grupo de auténticos amigos de Jesús.
Este grupo humano, sin buscarlo, se convierte en un ámbito de vida que entusiasma e ilusiona. Se convierte en un referente capaz de ser testigos de Aquel, que nos convoca cada día a humanizar el mundo que nos rodea.
Son muchas las dificultades. Pudiera parecer que ir a mi bola, preocupándome de mi mismo, enganche más. O quizás centrarme en acumular, en esta sociedad de consumo, lo tenga más fácil. Pero en el fondo, sabemos que es un espejismo. Nuestro interior quiere más, mucho más;quiere plenitud.
Fuera de la experiencia de la fraternidad, de la comunidad, es difícil descubrir esa plenitud que celebramos en estos días de Pascua.
Una propuesta para este tiempo de Pascua, es posibilitar auténticas experiencias de fraternidad, que nuestras comunidades se conviertan en ámbitos de vida, porque son capaces de revivir los mismos gestos de Jesús. Es entonces, cuando somos capaces de reconocer la Vida que se nos regala, y que somos capaces de compartir.

lunes, 17 de abril de 2017

¿COMO GENERAR CAMBIOS?

 Quisiera compartir con todos esta pregunta, que me ha ido acompañando estos días en la experiencia del I Congreso de Jóvenes Menesianos del Cono Sur (espero que no el último).
Unos días donde jóvenes y hermanos y laicos de Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia hemos buscado, compartido, de generado preguntas. Juntos hemos soñado como hacer una realidad de Jóvenes Menesianos  en la nueva realidad naciente de Menesianos del Cono Sur.
En todo ese proceso me ha ido acompañando la pregunta de como generar dinámicas de cambio que nos llenen de vida en nuestra realidad. Comparto cuatro intuiciones, seguro que no son las únicas, pero son las que me han ayudado a ir respondiendo a la pregunta estos días:
1. Conoce y involucrate.  Las dinámicas de acercamiento, de conocer al otro, su culturas sus costumbres, sus acentos, su miradas,... La eliminación de etiquetas, prejuicios, ideas preconcebidas, nos impulsan a conocer al otro tal y como es, al deseo de establecer lazos, a encontrar espacios comunes. Esto hace posible compartir un proyecto común que despierta el compromiso y nos involucra en una historia común, construida por todos.
2. Valora y acoge. Saber reconocer lo bueno del otro, del distinto, nos abre a un mundo de posibilidades. El reconocimiento positivo  despierta en el otro el deseo de lo mismo, y nos mete en una dinámica que suma. Esconderse en la queja permanente no aporta nada. Pero acoger al otro, ver lo bueno en lo diferente multiplica. 
3. Exponte. Exponerse es aceptar cierta vulnerabilidad. Bajar las defensas, querer y dejarse querer, implicarse sabiendo que te puedes equivocar, y no pasa nada (de los errores aprendemos). Exponerse es tomar partido por aquellas causas que merecen la pena de verdad y son alternativas: los últimos, los ninguneados, los que no cuentan... al estilo de Jesús de Nazaret.
4. El encuentro. El cuidado de las relaciones son la clave para generar encuentro. Cuando son desde la libertar y la autenticidad, buscando el bien común, generan espacios de autentica vida, como así  ha sucedido estos días en Bialet Masse. Generar encuentros que merezcan la pena, que fomenten el intercambio, que ayuden a preguntarnos y encontrar respuestas, nos puede ayudar a ir haciendo realidad la Comunidad de Jóvenes  Menesianos del Cono Sur.

Gracias a todos por lo vivido y compartido. Por reconoceros jóvenes en la realidad menesiana y querer vivirlo así, con generosidad y pasión. Un abrazo fraterno a todos.

miércoles, 22 de marzo de 2017

NO DEJEMOS DE BUSCAR...

Nuestros ritmos son frenéticos. Nos cuesta parar, aunque sabemos que lo necesitamos. Sentimos esa sed  de calma, sosiego, que nos ayude a aportar sentido a lo que vivimos cada día. Las prisas, la actividad y la inercia de cada día no nos pone fácil apagar esa sed de sentido. Casi sin saber como nos hemos ido alejando de esos "pozos" que pueden serarnos. No sabemos a que pozos acudir que nos puedan ofrecer esa alegría interior que nos ayude a redoblar esfuerzos, y a no dejar de buscar respuestas compartiendo dudas. Esos pozos que estimulen la confianza, que nos calmen al descubrir que, en nosotros, no están todas las respuestas... que hay más, algo más, mucho más...
Mientras mantengamos la sed no dejaremos de buscar. Mantengamos nuestro corazón abierto, inquieto. Pero sobre todo, concedámonos tiempo para aprender a parar, para preguntar, dejarnos preguntar, y compartir con otros buscadores de sentido.
Hemos de acoger a este Jesús de Nazaret, que no hace acepción de personas, que no excluye a nadie y quiere acercarse a cada uno de nosotros ofreciendo lo mejor de sí mismo: la experiencia de un Dios Padre- Madre, que con sus gestos y sus palabras nos dice que nuestra vida, la de cada uno, le importa. Acercarnos de nuevo a Jesús nos puede abrir a una experiencia diferente de Dios, donde puedo experimentar como toda mi historia personal es acogida por su amor, sin ser juzgado, ni echado a los leones de las etiquetas y los prejuicios. 
En Jesús podemos descubrirnos de nuevo, hijos y hermanos. Intuir ese estilo de relaciones que hace posible pensar que puede pasar cosas nuevas, que confiar merece la pena, y que no hay ningún sitio donde el amor no llegue y pueda iluminar la existencia de quienes más sufren.
Descubramos en el estilo de Jesús de Nazaret esa fuente de alegría y vida, que necesitamos para ser felices. ¡Ánimo! y gracias.

miércoles, 8 de marzo de 2017

#POR UNA CULTURA DEL ENCUENTRO


Puede parecer que no, pero hay otra forma de hacer las cosas, de situarnos, y de establecer nuestras relaciones. Hay quienes han decidido hacerlo desde la confrontación y el enfrentamiento. Hay quienes se sienten a gusto con el "y tú más". Hay quienes hace tiempo decidieron cobijarse, por miedo, en el resentimiento y en el odio a lo diferente, incluso aunque sepan que les destruye por dentro como la carcoma. Y también, quienes creen que la queja constante sirve para algo; cuando para lo único que sirve es para hacer la herida más grande.
Es cuestión de actitud. Cada uno decide desde donde situarse y vivir sus relaciones. Es tiempo de decir otra palabra, de ayudar a entender que no todo es igual, y no todo construye. Tiempo de reivindicar una cultura del encuentro que aporte serenidad, tolerancia y aceptación del otro. Una cultura que recupere la escucha mutua, no como estrategia, sino como una opción que nos permita acoger al otro tal y como está.
Es urgente una cultura del encuentro que favorezca el reconocimiento y la valoración. ¿Quién es tan ingenuo que piense que desde el insulto y la descalificación  vamos a construir? Lo único que construiremos es muros, prejuicios, y conflictos. Por favor, esto es de sentido común, el "abc" de las relaciones, no hace falta pagar a un "couching" para esto, ¡lo sabemos! 
Es una cuestión de actitud, y eso depende de cada uno. Necesitamos  hombres y mujeres que con su manera de tratar a los demás, de hablar  y relacionarse fomentemos un mensaje sencillo: "Tu vida me importa".
Esto no es posible si no aprendemos a dejar de lado nuestros intereses particulares, por legítimos que  nos parezcan, y nos atrevemos a salir de nosotros mismos y preocuparnos por el otro.
Desde luego que nuestros políticos  están demostrando, día a día, tweet a tweet, que no son capaces, y no pueden ser tomados como ejemplo de esta cultura del encuentro que tanto necesitamos. Lo que ellos llaman pacto, no es más que un acuerdo partidista en el reparto de intereses, según su cota de poder... Y desde el poder, es "misión imposible" construir una cultura del encuentro.
Tú y yo, nosotros, desde las redes sociales, desde nuestros lugares de trabajo, desde nuestros hogares, en las conversaciones en la mesa (donde todavía las haya...) podemos hacer mucho más... Y como un efecto dominó, ir cultivando y trabajando por unas relaciones más humanas y plenas, donde dejamos espacio al otro, aunque sea diferente a mi. Ese reconocimiento del otro es lo que logra reducir distancias, romper muros, dignificar al otro.
Hay quienes nos queremos comprometer por esta cultura del encuentro desde nuestra convicción creyente, pues en Jesús de Nazaret descubrimos un estilo lleno de vida y sentido. También, quienes desde otras confesiones o convicciones éticas, se comprometen de igual modo por esta cultura del encuentro. Juntos podemos hacerlo posible y visible, pues sabemos que las cosas pueden ser de otra manera. ¡Ánimo!, es tiempo de otra cosa, podemos.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿CATÓLICO Y HOSTIL?

Son dos términos que por definición difícilmente pueden ir juntos. Creo imaginar que aquellos que se empeñan en asociar estos dos términos en las redes sociales, o no son realmente católicos, o no han entendido nada del Evangelio, ni la propuesta de Jesús, su mensaje.
La hostilidad es cosa de los hombres, de las ideologías y de las fuerzas de poder... Quienes ejercen la hostilidad, no tienen nada que ver con la propuesta de Jesús de Nazaret que invita a la acogida incondicional, al amor a los enemigos, a la paz, a una apuesta por una fraternidad, donde los más débiles y olvidados sean los primeros.
Todo lo que lleve el apellido católico está llamado a ser universal, abierto al mundo, especialmente a quienes más lo necesiten y más sufren.
Desde estas premisas sencillas y de sentido común, ante toda la polémica con el género, y el ya famoso autobús, con opiniones de todos los colores, no deberíamos dejar que utilicen los centros católicos con afirmaciones del estilo: "los colegios católicos" son hostiles a conductas homoxesuales. 
La realidad es otra. Tenemos alumnos homosexuales, tenemos familias de todo tipo, y como en el grupo de discípulos de Jesús, una gran diversidad se convierte en oportunidad de comunión y de fraternidad, como signo del reino. En la mayoría de los centros católicos que conozco, y son muchos en mi condición de religioso educador, coexisten posturas muy diversas, que desde el respeto y la tolerancia, las intentamos acompañar,  iluminándolas desde el Evangelio y el estilo de Jesús.
La hostilidad, el enfrentamiento, el rechazo, ... no entran dentro de las posturas que promuevan nuestros centros católicos. Puede haber excepciones, sin duda, pero no creo que sea lo habitual. 
Son muchos, que como yo, nos reconocemos católicos, y por tanto, no hostiles. Comprometidos con mayor o menor acierto por una cultura realmente humanizadora, y cuya única preocupación y es trabajar por un mundo más justo y humano, donde nadie quede al margen. Es ahí precisamente, donde los católicos compartimos ese reto y preocupación  con otra mucha gente de bien, de otras confesiones y no creyentes, que comparten con nosotros aspiraciones por un mundo mejor.
¿En el mundo de hoy sufrimos hostilidad? No me cabe la menor duda que la persecución por razón de religión, raza , ideas políticas, o role sexual, son continuas y noticias de esto tenemos por desgracia a patadas. Cristianos ejecutados, refugiados en nuestras fronteras viviendo en condiciones durísimas, personas encarceladas por sus ideas políticas, o jóvenes golpeados por ir paseando juntos con la mano agarrada. 
Si los católicos estamos llamados a algo es a promover la acogida incondicional, a humanizar, y no a confrontar. El amor incondicional puede coexistir con la discrepancia. Ánimo y feliz semana.