martes, 19 de junio de 2012

PROFUNDAMENTE HUMANOS...

Sólo es posible si descendemos a lo más frágil de nuestra humanidad, es decir, a la propia contradicción, pecado, dudas, ... donde residen  todos nuestros miedos, odios, nuestras heridas sin curar... Pero lo más sorprendente, es descubrir en ese viaje de descenso que nuestro Dios ya se pasea por nuestros "inframundos", aceptándonos como somos, acogiendo nuestra propia realidad, compleja y herida, y mostrando esa estupidez, que tanto nos acompaña, de querer maquillar  y ocultar a uno mismo nuestra propia humanidad. Él abre la puerta a una dignidad  completa de nuestra condición humana, por frágil que ésta sea, que posibilita una felicidad, más allá de todo mito de la perfección.
Y Él, solo Él, es quien también hace posible que amemos a nuestros propios enemigos, y que aprendamos a mirar la debilidad  y el pecado ajeno con la misma condescendencia y misericordia con la que Él mira la nuestra. Solo el amor nos salva, de complejos y miedos, de mediocridades y juicios, de... Un amor que reside en lo más profundo de cada uno de nosotros, y que no recuerda que ser queridos, así sin condiciones, puede hacer las cosas nuevas... Un amor por opción, otro tipo de perfección... ¡Bendita humanidad!, pues es la que mejor revela a nuestro Dios.

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