domingo, 5 de marzo de 2017

¿CATÓLICO Y HOSTIL?

Son dos términos que por definición difícilmente pueden ir juntos. Creo imaginar que aquellos que se empeñan en asociar estos dos términos en las redes sociales, o no son realmente católicos, o no han entendido nada del Evangelio, ni la propuesta de Jesús, su mensaje.
La hostilidad es cosa de los hombres, de las ideologías y de las fuerzas de poder... Quienes ejercen la hostilidad, no tienen nada que ver con la propuesta de Jesús de Nazaret que invita a la acogida incondicional, al amor a los enemigos, a la paz, a una apuesta por una fraternidad, donde los más débiles y olvidados sean los primeros.
Todo lo que lleve el apellido católico está llamado a ser universal, abierto al mundo, especialmente a quienes más lo necesiten y más sufren.
Desde estas premisas sencillas y de sentido común, ante toda la polémica con el género, y el ya famoso autobús, con opiniones de todos los colores, no deberíamos dejar que utilicen los centros católicos con afirmaciones del estilo: "los colegios católicos" son hostiles a conductas homoxesuales. 
La realidad es otra. Tenemos alumnos homosexuales, tenemos familias de todo tipo, y como en el grupo de discípulos de Jesús, una gran diversidad se convierte en oportunidad de comunión y de fraternidad, como signo del reino. En la mayoría de los centros católicos que conozco, y son muchos en mi condición de religioso educador, coexisten posturas muy diversas, que desde el respeto y la tolerancia, las intentamos acompañar,  iluminándolas desde el Evangelio y el estilo de Jesús.
La hostilidad, el enfrentamiento, el rechazo, ... no entran dentro de las posturas que promuevan nuestros centros católicos. Puede haber excepciones, sin duda, pero no creo que sea lo habitual. 
Son muchos, que como yo, nos reconocemos católicos, y por tanto, no hostiles. Comprometidos con mayor o menor acierto por una cultura realmente humanizadora, y cuya única preocupación y es trabajar por un mundo más justo y humano, donde nadie quede al margen. Es ahí precisamente, donde los católicos compartimos ese reto y preocupación  con otra mucha gente de bien, de otras confesiones y no creyentes, que comparten con nosotros aspiraciones por un mundo mejor.
¿En el mundo de hoy sufrimos hostilidad? No me cabe la menor duda que la persecución por razón de religión, raza , ideas políticas, o role sexual, son continuas y noticias de esto tenemos por desgracia a patadas. Cristianos ejecutados, refugiados en nuestras fronteras viviendo en condiciones durísimas, personas encarceladas por sus ideas políticas, o jóvenes golpeados por ir paseando juntos con la mano agarrada. 
Si los católicos estamos llamados a algo es a promover la acogida incondicional, a humanizar, y no a confrontar. El amor incondicional puede coexistir con la discrepancia. Ánimo y feliz semana.

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