¡A cada uno lo que se merece!... esta lógica de funcionamiento ha funcionado y funciona, todavía hoy, en nuestros esquemas mentales ( y vitales). ¿Qué merezco yo? ¿Acaso me he ganado yo algo?... Dejarme llevar por este planteamiento de vida me cierra a descubrir la gratuidad y a cultivar la cultura de esfuerzo desde la capacidad de acogida y reconocimiento de todo lo recibido.
De nuevo, nos encontramos con una experiencia que nos puede llevar más allá... el evangelio (Lc 11,5-13) nos recuerda que una llamada inoportuna a mi puerta, por culpa de una torpeza de quien llama, puede hacer posible ese gesto gratuito inesperado, sacar lo mejor de uno, siendo capaz de responder a lo que el otro necesita.
Así experimentamos en nuestra vida ese trato incondicional: un perdón sin límite, una acogida inesperada, ...impulsando en nosotros:
- Dar al que necesita.
- Acoger al que llama.
- Encontrar lo que uno busca.
Vaya chaqueta que lleva Elena...le queda un poco grande, no?....jejeje. Gracias Nacho por mantenernos "despiertos".
ResponderEliminarUn abrazo, amigos.
Mikel